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¿Fundamentalismo o Coherentismo?

*Estas intervenciones se dieron en el contexto de una actividad grupal universitaria en la asignatura de Conocimiento: verdad, ciencia y mente.



Estimados compañeros/as, quisiera comenzar dando mi opinión acerca de este tema.


Por lo que he podido entender tras las lecturas recomendadas, el temario de la asignatura, pero especialmente del manual Teoría del Conocimiento (Blasco y Grimaltos, 2004) el fundamentalismo y el coherentismo son posturas epistemológicas que quieren dar cuenta, entre otras cosas, de cómo está organizados el conocimiento, y sirven como herramienta para profundizar en la afirmación platónica del conocimiento como creencia verdadera justificada. Creo que es importante recabar en su objetivo principal, y no pensar que fueron postuladas para discutir sobre la mejor forma de justificar una creencia.


En lo tocante a la organización del conocimiento, considero que las dos posturas no parten de las preguntas adecuadas, no se apoyan lo suficientemente en datos provenientes de ninguna disciplina científica y da la sensación de que los autores defensores de cada una de ellas están más preocupados por salvar dichas posturas que de contestar las cuestiones fundamentales. Justamente por obrar de esta manera, se acaban mezclando varios niveles de análisis aparentemente irresolubles si nos fijamos a la naturaleza cada postura dada. La principal confusión, que no la única, sería la siguiente: confundir justificar la creencia a nivel personal (si alguien siente que tiene motivos para sostener una creencia) con justificar la bondad del contenido de la misma. Para definir aquellas cuestiones de las que hablaba podemos partir del supuesto platónico y derivarlas de ahí:


CONOCIMIENTO = CREENCIA. VERDADERA. JUSTIFICADA.


1. Creencia.

¿Qué es una creencia? ¿De qué naturaleza es: entramado conceptual, lingüístico, etc.? ¿Cómo las adquirimos? ¿Qué tipo de organización tienen entre ellas, a nivel personal, y cuál es su soporte físico?


  • El proceso de conocer es necesariamente distinto del proceso de justificar la bondad de ese conocimiento.

  • Podemos imponer a la realidad de nuestro sistema cognoscitivo, y su funcionamiento, nuestros deseos, que derivan de nuestra concepción a priori: “Nuestro sistema cognoscitivo, nuestro conjunto de creencias, no es un edificio que haya que asentar sobre fundamentos inamovibles…”. Precisamente, nosotros no tenemos que asentar nada, sino descubrir realmente como se asienta.

  • Es arriesgado considerar que las creencias deben tener forma de proposición siempre.

  • Una cosa es pensar cómo se organizan realmente nuestras creencias, y otras cómo se deberían organizar para su justificación.

  • ¿Las creencias se adquieren perceptivamente? (pág. 121 en Blasco y Grimalto)

  • “Para creer algo hemos de pensar que lo que creemos es verdadero” (pág. 121 en Blasco y Grimalto). Podemos tener convicciones en las que no creemos. O la creencia podría preceder a las razones o evidencias que nos damos o buscamos a posteriori.

  • Deben aclararse, a priori, los diversos conceptos sobre la creencia: creencias a priori, creencias básicas, creencias perceptivas.


2. Verdad.

¿Cuál es el criterio de verdad?: ¿Cierta organización interna (coherencia interna, estética, etc.)? ¿Cierta relación con el mundo externo (p. e. teoría de la verdad como correspondencia, pragmatismo, etc.)?


3. Justificación.

¿Qué es una justificación? ¿Justificación psicológica (sinónimo de certeza interna) o justificación objetiva)? ¿Cómo verificamos una creencia? ¿En qué casos es necesaria esa verificación?¿En qué situaciones es legítimo demandar evidencias?¿Justificamos por su causa —externalismo— o por lo experimentado (subjetivo, fenomenológico)—internalismo—?


  • Son disociables el sentirnos justificados y el estar objetivamente justificados, y a su vez las razones que hicieron posible la justificación a posteriori.

  • La justificación psicológica debe esclarecerse por separado de la justificación objetiva.



Considero que ambos enfoques son incapaces de contestar estas preguntas precisamente porque son ciegas a la verificación respecto otros sistemas conceptuales, esto es, respecto otras áreas de conocimiento. Asumen una organización epistémica sin aclarar los niveles de análisis (personal o formal) y sin dar cuenta de cómo el ser humano llega realmente. El fundamentalismo, por su parte, huye del hecho confirmado de que nuestra percepción es un acto parcialmente teórico, no mera percepción pasiva de la que se puedan extraer creencias perceptivas no inferenciables. El coherentismo se decanta por la seguridad de la coherencia interna, pero desanclado del mundo. Y ambos enfoques pecan de lo que Pollock llamó una concepción doxástica de la justificación (donde los únicos elementos que contribuyen a la justificación de una creencia son otras creencias).


Esa ceguera la diagnostica con precisión nuestro querido Bunge, citando a Russell: “Debe haber sentido que es insensato e incluso deshonesto proponer concepciones sobre el conocimiento sin conocer nada. Por ejemplo, cuando trata con la percepción se esfuerza en no ignorar lo que la física, la psicología y la fisiología tienen que decir sobre el tema”.


Espero poder expandir mi pensamiento, enriqueciéndome del vuestro, en las próximas entradas.


¡Un saludo!




Hola, de nuevo, compañeros/as. Mientras esperamos a que se anime alguien más, me propongo ampliar mi visión sobre esta interesante cuestión.


Había comentado que rechazaba tanto el fundamentalismo y el coherentismo por no estar debidamente informados (o al menos no lo demuestran) sobre lo que sabemos acerca de nuestra manera actual de percibir y conocer. Creo, por lo tanto, conveniente diferenciar los procesos de conocer y el proceso de verificación de este conocer. Los dos procesos pertenecen al ámbito de la gnoseología, pero como explicaré a continuación, pueden tener matices ontológicos distintos. El esquema visual que propongo es el siguiente:


Afirmación/Creencia/Pensamiento/Imagen, etc. -->(Proceso de conocer) --> Realidad

[Psicología, Neurofisiología, Ontología, etc.]

(Proceso de verificación)

[Epistemología]


Estamos queriendo esclarecer la mejor manera de justificar un conocimiento verdadero asumiendo que el saber qué y conocimiento proposicional son lo mismo. No obstante, parte de la Psicología moderna ha probado que ese saber qué puede ser producto y tener forma irracional (en el sentido tradicional del término). Por ejemplo, Gigerenzer, en Decisiones instintivas, describe algunas de nuestras facultades para conocer y actuar (ambas) no como lenguaje descriptivo o lógica formal, sino como reglas generales, heurísticos o reacciones instintivas. Estas, que no son meros errores de razonamiento (como plantea Kahneman), están diseñadas evolutivamente, son superiores al conocimiento proposicional, y efectivamente pueden traducirse a conocimiento proposicional, ¡pero no son conocimiento proposicional como tal! (las personas teorizamos bastante mal sobre lo que creemos conocer). Esto último no niega el conocimiento proposicional, sólo apunta a la realidad de nuestros procesos mentales (cerebrales).


Por el contrario, no es necesario prescindir de los modelos fundamentalistas ni coherentistas ni de la misma noción de conocimiento proposicional, pues estas nociones bien pueden servir para nuestra verificación de nuestro conocer. Es decir, podemos definir y construir culturalmente una red conceptual, artificial (en el sentido de que no está encarnado, sino que es una más de nuestras instituciones), con proposiciones fundamentales y con forma reticular al mismo tiempo, con el que verificamos y ampliamos nuestro conocimiento sobre el mundo y sobre nosotros mismos. A esto le hemos llamado método científico, y lo que me estoy proponiendo en estas líneas es filosofar sobre el conocer, y es prueba para los que todavía confunden apoyarse en herramientas culturales, como la ciencia, con reducir la filosofía a ciencia).


Por último, es interesante apuntar que esto que acabo de exponer juega a la contra de toda teoría del conocimiento que se apoye en exceso de la racionalidad. Véase el positivismo, el empirismo a secas o todas las formas de utilitarismo.



Tercera intervención


Buenas noches, compañeros/as:


Quisiera con esta última intervención señalar una cuestión que me parece fundamental en este ámbito de la Teoría del Conocimiento. Esta se estableció como rama filosófica con carácter propio a partir de la modernidad (de la mano la ciencia moderna y especialmente desde Descartes). Aunque los griegos y los escolásticos trataran aspectos gnoseológicos, estos siempre estuvieron derivadas de niveles teológicos y ontológicos. La cuestión es que en la actualidad su objeto es el fundamento y los límites del conocimiento humano, y han ido apareciendo en su seno diferentes metodologías (naturalismo, trascendentalismo, dialéctica, fenomenológico, etc.).


Pues bien, llegados a este punto, considero útil la distinción que hiciera Quine de nivel o teoría conceptual (trata el significado, los conceptos) y el nivel o teoría doctrinal (trata la verdad, la justificación de nuestro conocimiento). Un método como el naturalista, por ejemplo, podría sernos útil para conocer realmente como nos representamos la realidad (no como creemos que nos la representamos) y para ello se ha profundizar en los conocimientos adquiridos por disciplinas como la psicología, la ciencia cognitiva, la neurociencia y otras. Ahora bien, el problema de la justificación (el que nos ocupa en esta tarea) puede no tener relación con cómo se adquiere y encarna el conocimiento, y es por esto por lo que tanto el fundamentalismo, el coherentismo, el externalismo y el internalismo no pueden ser enfoques válidos para la vertiente doctrinal.


La forma que tenga la epistemología «de establecer las condiciones que debe cumplir un enunciado o conjunto de enunciados para tener valor de conocimiento objetivo»[1] podrían tener poca relación con cómo se organizan las creencias, con causas falibles, creencias causadas, etc. sino con principios filosóficos racionales debatibles (de ahí su pluralidad metodológica).

[1] Blasco y Grimaltos,Teoría del Conocimiento, 2004, Universitat de Valencia, p.33.

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