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Introducción a Nietzsche

Actualizado: 26 abr 2023

*Estas intervenciones se dieron en el contexto de una actividad grupal universitaria en la asignatura de Filosofía moral. Adjunto el artículo que fue el origen del debate.


Aspectos Sociopolíticos del Relativismo
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1. ¡Ay los intermediarios!


Buenos días a todos/as:


Quisiera comenzar dejando mi opinión acerca del acercamiento a autores de renombre con base en ensayos como el que nos ocupa. Ya habrá tiempo de la crítica del mismo en otras intervenciones.


Considero inadecuado, problemático, introducirse a un autor por vía de un segundo, especialmente cuando este no tiene el ánimo expositivo y esclarecedor de las ideas del primero. Preferiría debatir directamente sobre textos originales, aunque me suponga un sacrificio en tiempo y esfuerzo mayores. Esta convicción nace de la experiencia repetida de encontrar un gran contraste entre lo que opinan académicos y lo que hallo en los autores originales. Por poner un solo ejemplo, leer a Sigmund Freud me supuso un cambio radical en mi percepción de todas aquellas opiniones que por años me encontré en diversos profesionales y pretendidos entendidos en psicoanálisis (o enfoques psicodinámicos derivados de aquel). Qué decir de sus críticos, de los que sospecho jamás se adentraron en un texto de aquel; de haberlo hecho, no podrían seguir manteniendo muchas de sus críticas, pues caen directamente en afirmar cuestiones que objetivamente se muestran, o directamente falsas, o aclaradas por el mismo Freud.


Con todo esto quiero decir que me temo gran parte de este debate que nos proponemos a realizar, caiga en una burbuja epistémica alejada del pensamiento real de los autores protagonistas, con lo que estaremos abriendo rutas de pensamiento crítico en paralelo en un terreno ficticio, promovido por un intermediario. Por último, señalaré un último peligro: es tan inevitable el crearse una primera opinión como el que esta tiende a cristalizarse y mantenerse en el tiempo, a pesar de que posteriormente se tope con ideas o experiencias contrarias. Sirva esta primera intervención como práctica higiénica intelectual que prevenga los peligros expuestos.



2. Nietzsche manoseado


Comenzaré aclarando que no estoy familiarizado con ninguna obra de los pensadores relacionados con la Escuela de Frankfurt ni con el movimiento postmoderno, pero sí he estudiado varias obras de Nietzsche —apoyándome, siempre con suspicacia, como con cualquier intermediario, en Diego Sánchez Meca—. Es por ello por lo que me centraré en analizar principalmente las cuestiones que versan alrededor del pensamiento nietzscheano.


La sensación que tengo tras varias lecturas del ensayo de Mansilla es que el autor peca de centrarse en las peligrosas consecuencias de las conclusiones de Nietzsche, en lugar de problematizarlas o refutarlas de forma directa: «la consecuencia de esta teoría es terrible». Lo infeliz, deplorable e inaceptable de toda la cuestión tiene origen en que, de ser ciertas, harían imposibles la superación del relativismo axiológico y una praxis sociopolítica razonables. Dicha superación se apoyaría en las facultades nobles, en el potencial crítico de la reflexión matizada, y haría posible finalmente «esfuerzos democráticos y racionalizadores en las esferas de la política y la moral».


Afirmo, como he tenido la oportunidad de aseverar respecto el proceder intelectual de Durkheim respecto el hecho moral, que este proceder no sólo impide la reflexión rigurosa, sino que conduce a leer con mayor detenimiento al propio Nietzsche: las consecuencias de una verdad, por más terribles que le puedan parecer a uno, no son argumentos para su refutación.


El resto del arsenal argumentativo de Mansilla también me ha parecido llamativo. Si la crítica psicologicista de la mayoría de sistemas filosóficos es inválida, también lo es el análisis de las causas personales que le llevaron a Nietzsche (o a Horkheimer) a algunas de sus nociones, como la voluntad de poder ligada a un egocentrismo extremo y una clara autoglorificación. Con este uso psicologicista no sólo se da la razón en este punto al alemán, sino que queda patente la diferencia descomunal entre el pensamiento nietzscheano y sus imitadores.


En las próximas intervenciones me propongo dar apoyo a algunas de las tesis de Nietzsche con nociones actuales, a señalar la apropiación indebida de su pensamiento y denunciar otros argumentos dados por Mansilla en su lucha (infructuosa e ingenua) por salvar los cimientos humanistas, racionalistas y democráticos.



3. Nietzsche actualizado


Como decía en la intervención anterior, no conozco la recepción de Nietzsche por parte de postmodernos y la Escuela de Frankfurt, pero sospecho de ella de antemano y diré incluso más, no me adentraré en estos pensadores hasta que no asimile del todo las nociones originales —sin importar el tiempo que me lleve hacerlo—. Paso ahora a enmarcar a Nietzsche desde mis coordenadas actuales. Esto servirá para matizar algunas cuestiones descritas en el ensayo de Mansilla:


§ Monismo psicofísico. Esta ontología es a la que se suscribe las ciencias médicas actuales, entre ellas la neurociencia moderna. No tiene sentido ya hablar de causas espirituales, y es problemático incluso hablar aquí de que la razón tenga un estamento privilegiado sobre otros sistemas corporales.

  • Esto le hace criticar al dualismo kantiano el querer disociar razón y emoción, y hacer de la primera el medio neutralizador de la segunda. La Psicología moderna conoce de las intrincadas que están estas facultadas; lo irracional ha pasado a ser un motor tan válido (útil si se quiere) o más que la razón pura. Véase, por ejemplo, los trabajos de Gigerenzer.

  • Vimos en Durkheim como toda racionalización política sólo se puede justificar si la conciencia se entiende como causal, y de ahí se infiere un segundo ente causal, esto es, la sociedad —ente externo y semindependiente que actúa sobre el individuo y tiene prioridad sobre el mismo—. Nietzsche es coherente en su monismo psicofísico, y por eso lucha contra todo racionalizador; en él, por racionalizador pasa a ser todo sacerdote que impone un deber ser desde fuera, afirmando un orden moral del mundo.

§ Naturalismo. Nietzsche toma de los evolucionistas ingleses el concebir al ser humano un animal más, sin ningún tipo de privilegio a priori sobre aquellos. Lo que rechaza de las tesis de Darwin y Spencer es que sólo el medio sea el artífice de la evolución —existen procesos en el individuo que también juegan un papel importante— y que esta no tiene una forma teleológica previsible.

§ Voluntad de poder visto desde el sistemismo. Esta noción puede asimilarse perfectamente, desde mi punto de vista, como los procesos básicos que impulsan a todo tipo de sistema biofísico a persistir —imponerse en el ambiente—. Esto no sólo se aplica al ser humano, este incluso puede concebirse como una forma más por la cual la vida se hace paso. Puede verse un ejemplo maravilloso elevado a las formas políticas de esa voluntad de poder en la obra de Bertrand de Jouvenel (Sobre el Poder).

§ Procesos inconscientes. Esto ya no es una doctrina puramente psicoanalítica, es una verdad obvia desde cualquier enfoque neurocientífico. El uso de la gran razón y pequeña razón es una metáfora utilizada en Así habló Zaratustra para señalar que lo que uno cree decidir o pensar está sujeto a procesos no conscientes, y que estos tienen su propio designio —véase si se quiere como cristalización de vastos procesos históricos—.


«No la intención, sino precisamente lo que ella tiene de no intencionado es lo que otorga valor o disvalor a una acción»[1].


«El cuerpo es una gran razón, una pluralidad con un único sentido, una guerra y una paz, un rebaño y un pastor.

También tu pequeña razón, a la que llamas «espíritu», es obra del cuerpo, hermano mío, un pequeño instrumento y un pequeño juguete de tu gran razón.

(…) Hay más razón en tu cuerpo que en tu mejor sabiduría. ¿Y quién sabe para qué necesita tu cuerpo precisamente tu mejor sabiduría?[2]»


§ Moral informada. La llamo moral, y no amoralidad, porque no considero a Nietzsche un relativista moral, e informada, porque es importante en él el método por el que se llega a una moral más que el contenido en sí. Si todas las filosofías hasta su fecha han ignorado las nociones antes expuestas, se pregunta, ¿cómo han podido establecer moral universal alguna? Esta es la crítica fundamental que yo percibo en su sensibilidad ética. El ignorar estos fenómenos conduce irremediablemente a establecer, sin saberlo, sistemas que obedecen más a esa gran razón (compendio de todas las fuerzas plurales que componen un solo individuo; un sistema de subsistemas), ignorada por la pequeña razón (la razón que abanderan esos filósofos y que ignora esas otras influencias).

  • Es por esto que el filosofar de Nietzsche es personalísimo, psicológico, porque ha de conducirse al mismo tiempo hacia las profundidades mientras se eleva sobre sí mismo, vislumbrando una conjunción de sistemas biológicos y sociales hipercomplejos.

  • Sólo se han acercado a estas intuiciones los empiristas ingleses y, él nunca lo sabrá, la actual psicología moral (véase los estudios de Haidt).

  • Siendo consecuente con su sistemismo primitivo Nietzsche defendía su propia moral y el camino hacia ella: todo aquello que permita al (sistema) humano pervivir (conservación y crecimiento); todo lo demás será décadence. El camino no es más —ni menos— que ser consciente de tus propias inclinaciones (impulsos, pulsiones, etc.) y ser un escéptico radical con lo recibido desde el exterior, pues todo ha sido hasta ahora pura ficción, puro equívoco —esto requiere de hundirse, aunque sea un instante, en el ocaso (untergehen)—.


Sirva esto de momento como introducción a su pensamiento, desde mi perspectiva actual, y antesala de las contra críticas que efectuaré al autor del ensayo.



4. El relativismo en Nietzsche


Estoy de acuerdo con el relativismo particular de Nietzsche que ha señalado Francisco Joaquín, y me gustaría problematizarlo presentando en primer lugar algunos de los valores que defiende a lo largo de su trabajo, para luego ubicarlo en algunos de los tipos de relativismo.


§ Moral de señores y moral de esclavospathos de la distancia—. Frente a una moralidad con pretensiones universalistas e igualitarias, nacida como reacción a la moralidad aristocrática por resentimiento, se alzan unas virtudes (clásicas) necesariamente elitistas y exclusivas, nobles.

§ Ascetismo como autodisciplina que dice sí a la vida (virtuosa) versus el ascetismo autodestructivo apoyado en la culpa y la compasión como remedios para el valor negativo de la vida (vs. Schopenhauer, cristianismo, etc.). Vitalismo versus nihilismo.

§ Perspectivismo y multiplicidad de valores versus Esencialismo (aforismo 34 de Más allá del bien y del mal).

§ Preocupación por las condiciones psicológicas que él cree que serían más saludables tanto para los individuos como para las culturas. La honestidad se erige en valor prácticamente supremo para el filosofar/vivir, pues para evitar el autoengaño o la asimilación acrítica de moral externa (pecado en el que han incurrido la mayoría de los filósofos morales) no queda más remedio que el enfrentarse a la realidad (interior) sin muletillas de ningún tipo[3]. De ser inaguantable, sublímese mediante la práctica artística, la única apariencia admisible.

§ Toda virtud basada en el par sufrimiento/placer es superficial. Sufrir es en ocasiones el camino virtuoso. Todos los instintos buenos derivan de los instintos perversos; bien y mal son indisociables.


«Nosotros opinamos que dureza, violencia, esclavitud, peligro en la calle y en los corazones, ocultación, estoicismo, arte de tentador y diabluras de toda especie, que todo lo malvado, terrible, tiránico, todo lo que de animal rapaz y de serpiente hay en el hombre sirve a la elevación de la especie “hombre” tanto como su contrario»[4].


§ Razón versus fe.


«Pero si lo que se necesita en general y ante todo es fe, entonces hay que desacreditar, el conocimiento, la investigación: el camino que conduce a la verdad se convierte en el camino prohibido»[5].


§ Criterio último: todo lo que favorezca la vida.


«¡Dios, degenerado a ser la contradicción de la vida, en lugar de ser su transfiguración y su eterno sí!»[6].



Valga estas notas para discutir ahora el relativismo en Nietzsche. Si por relativismo se entiende una posición enemiga del objetivismo y el absolutismo (especialmente en lo tocante a la moral) entonces evidentemente Nietzsche lo es. Aun así, nada de lo que he resumido apunta a la doctrina —en ocasiones malentendida— de Protágoras (aunque no falta algún guiño en las obras del propio Nietzsche). Considero que el que el sistema axiológico de Nietzsche no sea sistemático, más la recepción múltiple de su pensamiento, conduce a una simplificación apresurada de sus ideas.


Mi impresión es la de un pensador que reacciona visceralmente precisamente ante el mal uso de los valores que él estima por parte de pensadores que no han llegado a ellos por el camino correcto (una sensualidad no hecha consciente): vida, razón, ciencia, voluntad, poder, etcétera. Todo esto es difícil de asociarlo al típico relativista cultural. Evidentemente, también es un ejercicio espurio el señalar contradicción performativa ninguna —similar a la refutación platónica del Teeteto—.


Debe añadirse que su exposición no pude ser nunca sistemática, directa, pues sus nociones son claramente hipercomplejas, sutiles, algunas de las cuales se redescubren en la actualidad como novedades (yo como efecto; antifragilidad, resiliencia, noción fascinante sobre la voluntad y el libre albedrío[7] y otras tantas). Alguien que tiene por los sueños como una de las fuentes primordiales para acceder la realidad, difícilmente expondrá definiciones y sistemas de forma aristotélica.


«Este puro mundo de ficción [por el cristianismo] se diferencia, con gran desventaja suya, del mundo de los sueños por el hecho de que este último refleja la realidad, mientras que aquél falsea, desvalora, niega la realidad»[8].



5. La no sistematización en Nietzsche



En efecto, estimado Francisco Joaquín, este tema de la sistematicidad merece ampliarse. Lo haré, pero advierto que ahora ya en terreno pantanoso, es decir, especulativo.


El estilo fragmentario aforístico de Nietzsche ha intentado explicarse de varias formas, desde su formación como literato (Lou Salomé) hasta por sus condicionantes de salud que arrastró a lo largo de toda su vida (Sánchez Meca). Estos dos factores serían suficientes para contentarnos, pero yo sospecho que hubo algo más. En mi opinión, considero que para ser el gran psicólogo que fue (es impresionante como lo omiten unos y otros) es imprescindible el encarnar —y ser consciente— una serie de experiencias emocionales variadas e intensas. Ahora lo llamaríamos inestabilidad emocional, locura, extrema sensibilidad. Jung, que fue alumno aventajado, buscó a propósito este tipo de experiencias que lindaban con la psicosis y lo onírico para completar su análisis. Seguramente a Nietzsche no le hiciera falta un método similar.


Por suerte, pudo compensar, sublimar (noción que Freud simplemente amplió) las consecuencias de dicho temperamento. ¡Y de qué manera! Que acabara explicitando de alguna forma una moral sensualista, un vitalismo radical, no deja de ser una consecuencia, si se quiere, natural de combinar entendimiento con locura. Abrazó la crítica de la razón pura, detestó la crítica de la razón práctica (esta última fue una inventiva de tendencias personales no conscientes: el deber ser como brújula moral).


Cualquiera que tenga conocimientos de sistemismo o neurofisiología contemporánea se dará cuenta rápidamente de que las intuiciones nietzscheanas son difícilmente sistematizadas si por esto se entiende el ordenarlas formal y lógicamente. Los procesos biofísicos son difíciles de describir de esta guisa; es más, ni hace falta. A Nietzsche se le entiende perfectamente, siempre que uno tenga coordenadas científicas y filosóficas suficientes, y no le ciegue la ideología de moda.


«La lógica y la cantidad resultaron ser expedientes inapropiados para describir a los organismos, sus interacciones y su organización interna[9]».


«El lenguaje no suministra medio alguno de expresión para lo que no es consciente[10]».


Considero interesante, asimismo, mentalizar al propio Nietzsche en el proceso de escritura. Existen muchos tipos de escritores y de pensadores (véase el ensayo de Montaigne, delicioso, de Del hablar pronto o tardío). Es fácil imaginarle escribiendo sin pensar, fluyendo de una idea a otra, sin miramientos y sin crítica, y de ahí de lo especial de leerle —ojalá saber alemán—. Es curioso observar como las notas que tomaba no distan mucho del producto final, como si quisiera conservar la esencia de lo escrito en el momento (hay verdad si se huye de lo a posteriori), si se accede directamente a lo no consciente, justamente aquello que nos determina (¿totalmente?). No es casualidad que la escritura automática fuera el origen (no reconocido, por criptoamnesia) de Freud como fundamento de la técnica psicoanalítica. La siguiente nota al pie al ensayo mencionado describe perfectamente el estilo de los dos pensadores:


«Adviértase el carácter accidental de la búsqueda de Montaigne que le lleva a la escucha accidental de su individualidad, abandonándose al movimiento y a las fluctuaciones naturales de su yo[11]».


Otro ejemplo, ahora en Sócrates, descrita por el mismo Montaigne, de la conexión directa con sabiduría no consciente:


«El demonio de Sócrates era si acaso cierto impulso de la voluntad que se le presentaba sin esperar el consejo de su razón. En alma tan depurada como la suya y preparada por el continuo ejercicio de la sabiduría y de la virtud, es verosímil que esas inclinaciones, aunque temerarias y confusas, fueses siempre importantes y dignas de ser imitadas[12]».


Nietzsche, que, sabedor de todo esto, reivindicaba el derecho a contradecirse, no pudo jamás sistematizar nada a través de definiciones y un sistema axiológico con pretensiones de infalibilidad. ¿Cómo hacerlo dada la naturaleza de él mismo y de lo que describía? Por suerte hay puentes modernos que resuenan con sus ideas. Todos aquellos que piensan sobre crecimiento, vida, cambio, sistema, etcétera, replican sin saberlo muchos de sus postulados.


Qué gran ironía que los grandes pensadores de Occidente sean unos auténticos dementes, un esquizofrénico y un narcisista empedernido. Más que ironía, una tragedia el que se hable en estos términos por parte de intelectualoides sectarios que piensan desde su disciplina, artificial y tosca, aislada y ajena a todo pensamiento riguroso y amplio.


Si Nietzsche no es dinamita[13] no sé qué demonios es.



[1] Diego Sánchez Meca, El itinerario intelectual de Nietzsche, Editorial Tecnos, 2018, p. 188. [2] Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Editorial Tecnos, 2020, p. 56. [3] Él incluido, véase por ejemplo, la sección De los prejuicios de los filósofos de Más allá del bien y del mal. [4] Friedrich Nietzsche, Más allá del bien y del mal, Alianza Editorial, 2021, p. 87. [5] Friedrich Nietzsche, El Anticristo, Alianza Editorial, 2017, p. 62. [6] Friedrich Nietzsche, El Anticristo, Alianza Editorial, 2017, p. 55. [7] Friedrich Nietzsche, Más allá del bien y del mal, Alianza Editorial, 2021, p. 50-51. [8] Friedrich Nietzsche, El Anticristo, Alianza Editorial, 2017, p. 51. [9] Gregory Bateson, Espíritu y naturaleza, Amorrortu editores, 2015, p. 32. [10] Ibídem, p. 79. [11] Michel de Montaigne, Ensayos I, Ediciones Cátedra, 2021, p. 80. [12] Ibídem, p. 86.

[13] Friedrich Nietzsche, Ecce homo, Alianza Editorial, 2021, p. 151.

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